Durante nuestra juventud, el despertar de nuestra sexualidad viene acompañada de impulsos rebeldes y retos inusitados. Si consideramos que la educación sexual, tanto en casa como en las escuelas, se limita a explicaciones biológicas y reproductivas, la práctica de la sexualidad se convierte en un tema tabú, prohibido y riesgoso.

 

Desde las bacanales romanas, las orgías han sido consideradas como pasajes de divertimento que va más haya de lo socialmente aceptado. Desde hace unos lustros, se tuvo conocimiento de fiestas, con cierto grado de clandestinidad, entre juventudes colombianas que han puesto en riesgo su salud, su integridad, y su desarrollo psicosexual. Son las llamadas fiestas “Carrusel” o “Ruleta. Más allá del atractivo que puedan tener, los riesgos son elevados. En México, de acuerdo con una investigación de los Centros de Investigación Juvenil, reporta que el 35% de los jóvenes, en promedio de los 14 años, han participado en este tipo de fiestas.

¿En qué consisten?

 

Reunidos en algún lugar como estacionamientos, sótanos de edificios, luego de momentos de baile y consumo de bebidas y estimulantes diversos, hacen dos filas, una de hombres y otra de mujeres. Con el sexo expuesto, las jóvenes empiezan a ser penetradas brevemente, de manera vaginal o anal. Los hombres van cambiando de pareja de manera constante, hasta que alguno de ellos llegue a la eyaculación. Cuando esto sucede, el eyaculador queda fuera del círculo, y la ruleta continúa. El objetivo es mostrar quién es el “macho alfa”, es decir, aquel que pudo contener la eyaculación por más tiempo y con más parejas, con la falsa idea de resultar el más viril

 

Por la manera en que sucede, existe una total ausencia de cualquier tipo de preservativos o protección para prevenir enfermedades de transmisión sexual. Estas y otras graves complicaciones sanitarias han venido en aumento, y por supuesto los embarazos no deseados se han incrementado y sin saber quién es “padre”.

Para evitar que esto siga sucediendo, sugerimos la asesoría y acompañamiento de educación sexual con sus hijos, hermanos mejores, primos o personas estimadas en estas edades. Informarles sobre la existencia de este tipo de “reuniones”, todos los riesgos que conlleva, y eviten ser participes.

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