Mirar sus ojos, mirar su alma. Solo mirar. Dejar que el alma abrace su alma. Dejar que tu cuerpo se abrase a tu cuerpo. Dejar que tu piel se funda en su piel, ese es el fin de la seducción. ¿Cómo iniciar?

 

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El hombre busca su complemento, la mujer busca su complemento, y aunque ciertos autores pueden considerar al amor como una emoción hay otros que lo miran como una decisión. Esto último puede tener algo de cierto y mucho de incierto.

Cuando miramos a alguien que físicamente cumple con nuestros gustos, esperamos que sea una situación recíproca. Pero no necesariamente sucede. Por eso debemos aprender a seducir.

Seducir. Un acto convincente y de manejo de voluntades que podría ser muy tortuoso o de vana gloria, o bien una ruta de éxito amoroso. Hay quien seduce con la mirada, hay quien lo hace con la voz, con el andar, con la forma de vestir. Pero lo difícil es descubrir los gustos que nuestra posible presa tenga. ¿Cuál es su color favorito? ¿Cuál es su fruta favorita? ¿Cuáles son sus pasatiempos? ¿Sus libros predilectos? ¿Sus series de televisión? Entre muchos otros gustos.

Empero, el arte de seducir va más allá del descubrimiento de esos gustos. No basta la discreción en el habla, no basta la coquetería ligera. Es un arte, y como tal, se debe obrar con la emoción pura, fuera de todo egoísmo, con la sinceridad ante el objeto de deseo, con la honestidad en la mano.

Ante la fragilidad del seducido puede venir la fortaleza del seductor. Pero todo puede revertirse de un momento a otro. Ya que el seductor puede ir avanzando poco a poco, pero el seducido puede despertar su propia incomodidad y empezar a fabricar muros para no ser invadido.

Aunque no hay reglas firmes en las relaciones interpersonales, sí podemos considerar algunos aspectos:

  • Procura no ser incisivo.
  • Cuida de estar presente pero no de ser necesario.
  • Mantén una actitud relajada antes de iniciar la seducción.
  • Sonríe desde el corazón.
  • Se atento y con cierto coqueteo.
  • No estés disponible siempre, mantén tu agenda ocupada, para que sea valorado el espacio que brindas.
  • Domina el lenguaje oral y más el corporal. Dale un valor importante a las palabras, dale cuidado a tus movimientos.
  • Deja cosas a la imaginación. No digas todo sobre ti. Suelta poco a poco.
  • Y, sobre todo, ten paciencia.

La seducción es una actitud ante el otro. Es mostrar que tienes fines sanos, que buscas una relación real, profunda y verdadera. No es sólo cuestión de seducir para usar al otro, no. Es poder llegar a compartir sus sueños, sus ilusiones, sus intereses, sin que necesariamente sean los mismos. Seducir es ser complemento, seducir es llegar a ser quienes miran a un mismo destino, es convertirse en el otro cuanto el otro ya es uno, es dejar que sus corazones latan a un mismo ritmo y su respiración sea la misma, en los mismos suspiros.