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El duelo son las reacciones emocionales que se desencadenan por la pérdida significativa de un ser querido o algún bien material o intangible. Puede ser la muerte de alguien, el término de una relación sentimental, la partida de un amigo a un lugar distante. O bien, la pérdida de algún empleo, algún objeto apreciado o que nos represente a alguien, como amuletos o fotografías.

La experiencia emocional que se vive después de la pérdida se ve reflejada nuestras acciones o en nuestras omisiones, y depende de la fortaleza emocional de cada individuo. La pérdida nos lleva a un estado de desequilibrio y se viven diferentes momentos.

La negación es el primer mecanismo de defensa ante el dolor, ayuda a amortiguar el impacto y da tiempo para asimilar el evento. La incredulidad es el primer asomo de esa negación.

El enojo como respuesta emocional es un segundo momento. La ira se vuelve el hilo conductor de nuestros actos y nuestras acciones, lo dirigimos a las personas que nos rodean, al destino, a alguna figura divina, contra uno mismo.

Luego se desencadena la negociación, a partir de fantasías en las que el doliente pretende recuperar lo perdido, regresar a un estatus anterior, regresar el tiempo.

Todo esto conduce al doliente a la depresión, que es el momento de la aceptación de la pérdida como una realidad irreversible, va de la mano de una fuerte triste y dolor. La persona hace una revaloración de todo lo perdido hasta llegar a la aceptación total.

Pero hay ocasiones que duelo queda sin resolver, la persona queda inhabilidad por decisión o por circunstancia para avanzar en el curso emocional del proceso. La persona busca mantener lazos que le generen la idea de que la pérdida no se ha dado o consumado, toda la energía del doliente la canaliza como si no hubiera esa pérdida. Se queda con posesiones del difunto o de la pareja con quien rompió la relación, busca aparentar para él o para los otros que las cosas siguen igual, con la persistente esperanza del regreso.

Algunos factores que influyen para que el duelo no se resuelva son: situaciones netamente inesperadas o repentinas, violentas o traumáticas. Si además la persona es codependiente el duelo no resuelto será mayor.

Consejos:

  1. Reconstruir la realidad para notificar la pérdida.
  2. Encausar las emociones reales que genera la pérdida.
  3. Trabajar sobre la adaptación ante el vacío que genera la ausencia.
  4. Recolocar emocionalmente a la persona que hemos perdido, a partir de su ausencia.
  5. Recolocar emocionalmente al doliente ante su situación actual.

 

No solucionar los duelos genera toxicidad en el doliente, en sus relaciones sociales, en su interacción social. Se seguirá con la pérdida del apetito, la pérdida del deseo sexual, cansancio extremo, soledad.

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