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EL CICLO DE LA CODEPENDENCIA ¿SÍ SE PUEDE ROMPER?

En primer lugar, lo que más impacta del tema de la codependencia es que prácticamente la última persona en enterarse es quien la padece. Entiéndase la relación codependiente como una conducta vincular adictiva. Sí, de esas que, aunque en el fondo de tu ser sabes que te tienes que zafar urgentemente, no puedes: hay una fuerza superior que parece impedírtelo.

En consecuencia, se piensa que se desarrolla como resultado de repetidas experiencias de abandono y separación en la infancia, en donde no se tenía la certeza de un vínculo seguro por parte de los primeros objetos (léase madre-padre, o quien cumpliera esa función) lo que genera posteriormente un vínculo ansioso. Estoy hablando de que, si te encuentras en dicha relación, esta es caótica, autodestructiva y disfuncional, siempre.

Hay varios elementos que se juegan en este tipo de relaciones:

La autoestima: En estas personas es imperceptible y no se le da el más mínimo cuidado, ni se vela por ella. Esto es porque obviamente hay otras prioridades: la pareja.

Los límites: Muy difusos, sino es que se enterraron en un hoyo negro junto con la autoestima. Se es capaz de permitir hasta lo innombrable. Esto abarca principalmente abuso físico y psicológico.

La evasión-negación: Como si viviera en Las Vegas, Nevada: “Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”. La persona esconde y niega su realidad.

La justificación: Esta surge como resultado de lo anterior, aparecen las explicaciones para cada una de las cosas que permite que se le hagan, hasta puede llegar a pensar que se lo merecía. Perdonan hasta los golpes.

El miedo: Te preguntarás, “¿miedo a qué?” Se teme a la soledad, al abandono y se vive con la idea del “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

El control: Es muy común que el codependiente se coloque en el papel de víctima y, desde ahí, busque controlar en el intento de no perder.

La tolerancia: Aguantan vara, como los acapulqueños al sol y los chilangos a la contaminación. Por un momento se pensaría que son de piedra.

Del mismo modo para que todo esto suceda se necesita del otro. Como bien dicen, siempre hay un roto para un descosido. Del otro lado del codependiente se encuentran personalidades psicopáticas, adictos, narcisistas. Para acabar pronto, lo que se conoce popularmente como personas “de la peor calaña”.

Los roles se encuentran muy polarizados. Primero, el codependiente ama de manera desmedida y aunque es pisoteado constantemente, acosa a su pareja, la cual busca huir a toda costa de la relación. Luego, se cansa de ser maltratado y huye. Entonces la pareja en cuestión, anteriormente atosigada, regresa rogando por amor. La persona que padece de codependencia acepta esta situación –a quien le dan pan que llore-, vuelve a su ciclo de acoso y todo se repite una y otra vez. Nada más de contarlo me cansé, imagínate vivirlo.

La codependencia no se cura, lo que se busca con el tratamiento psicológico es resignificar la manera de vincularse

Para ellos la esperanza es lo último que muere, viven en este constante: “Es la última que me aplica, ya me dijo”. Y se la creen todita. Habrá que tomar en cuenta que esta es la promesa incumplida número 2387.

Con este cuadro, difícilmente te libras de la compañía de la ansiedad y la depresión. Van casi como bolillo y tamal, siempre juntos. Por lo tanto, si te sientes identificado es importante que busques ayuda de un profesional. La codependencia no se cura, lo que se busca con el tratamiento psicológico es resignificar la manera de vincularse. Y, si no se atiende, es probable que las conductas de este tipo aumenten con el tiempo

 

 

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