LIBÉRATE DE LA CODEPENDENCIA.

En primer lugar, hay que entender las relaciones codependiente como una conducta vincular adictiva. Sí, de esas que, aunque en el fondo de tu ser sabes que te tienes que zafar urgentemente, no puedes: hay una fuerza superior que parece impedírtelo.

¿Por qué? “No son las personas que hacen que sucedan las cosas”.

Los codependientes son aquellas personas que consistentemente, y con gran cantidad de esfuerzo y energía, tratan de forzar que sucedan las cosas.

  • Controlan en nombre del amor.
  • Lo hacen porque sólo estamos tratando de ayudar.
  • Lo hacen porque nosotros sí sabemos cómo deben hacerse las cosas y cómo deben comportarse las personas.
  • Lo hacen porque nosotros estamos bien y ellos están mal.
  • Controlan porque nos da miedo no hacerlo.
  • Lo hacen porque no sabemos qué otra cosa hacer

En última instancia quizá controlan porque esa es la manera en que siempre han hecho las cosas.

Sin embargo, ya hemos dejado claro que la codependencia es una situación que puede resultar tan nociva para el codependiente como para el objeto de sus desvelos, por lo que te ofrecemos unos consejos que te ayudarán a librarte de esta cadena emocional:

Nunca se debe olvidar que los alcohólicos y otras personas con problemas son expertos controladores. Encontramos la horma de nuestro zapato cuando tratamos de controlarlos a ellos o a su enfermedad. Perdemos la batalla. Perdemos la guerra. Nos perdemos a nosotros mismos, a nuestras vidas Como dice una frase de Al-Anón: Tú no lo provocaste; no lo puedes controlar; y no lo puedes curar. ¡Así que deja de tratar de hacerlo! Nos frustramos al máximo cuando tratarnos de hacer lo imposible.

El afán de controlar bloquea el poder interior. Bloquea la capacidad de otras personas para crecer y madurar. Impide que los sucesos ocurran de una manera natural. Le impide disfrutar de la gente o de los eventos. El control es una ilusión. No funciona. No puedes controlar el alcoholismo. No se puede controlar las conductas compulsivas de nadie: comer en exceso, una conducta sexual exagerada, la apuesta compulsiva, ni ninguna otra de sus conductas. No puedes (y no es asunto tuyo hacerlo) controlar las emociones, la mente o las elecciones de nadie. No puedes controlar el resultado de los eventos. No puedes controlar a la vida. Algunos apenas se pueden controlar a sí mismos.

A fin de cuentas, las personas hacen lo que quieren hacer. Se sienten como se quieren sentir (o como se están sintiendo); piensan lo que quieren pensar; hacen las cosas que creen que necesitan hacer; y cambiarán sólo cuando estén listos para cambiar. No importa si ellos no tienen la razón y tú sí. No importa que se estén lastimando a sí mismos. NO IMPORTA, NO MPORTA, NO IMPORTA, NO IMPORTA.

Podrán adaptarse temporalmente a tus demandas, pero cuando te des la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la gente te castigará por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser como no quiere ser, Ningún control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable en otra persona.

A veces podrán hacer cosas que aumenten la probabilidad de que la gente quiera cambiar. Y esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar, especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí misma y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer cambiar es a ti misma. La única persona que te atañe controlar eres tú misma. Desapégate. Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos esperado sucede rápida, a veces milagrosamente.

Finalmente, hay un tiempo para soltarse. Sabrás cuándo ha llegado ese tiempo. Cuando has hecho todo lo que se puede hacer, es tiempo de desapegarte. Maneja tus sentimientos. Enfréntate a tus miedos acerca de perder el control. Gana control sobre ti mismo y sobre tus responsabilidades. Dales a los demás la libertad para ser lo que son. Al hacerlo, te liberarás.

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