4164 4270 / 4164 4271 contacto@centrohumanista.mx

Sueños o realidades.

Aluden a todas aquellas representaciones mentales creadas en el ámbito de lo inconsciente que tiene como tema principal las relaciones sexuales.

Se producen de forma voluntaria o involuntaria en la mente de cada persona. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en absoluto, son bastante comunes. Estas comienzan en la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón, es el que tiene mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombres y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma.

Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica, pues la idealización que permite nuestra mente evita detalles que en la práctica harían de una fantasía algo muy difícil de concretar o quizás hasta imposible de realizar.

El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. En gran número de ocasiones las fantasías se oponen a la naturaleza del ser humano, a las creencias y a la escala de valores de quien las evoca, pero como lo único que compromete es la imaginación, se las acepta.

Hay casos de personas que las han llevado a la práctica, pero ya en terrenos reales tales acciones han perdido mucho de la magia que poseían en la mente. Paradójicamente una fantasía puede convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. En el mismo renglón se encuentra el compartirla o no con la pareja, pues al tornarla de los demás, pierde ese toque de exclusividad. La opción de hacer realidad o compartir las fantasías queda al libre albedrío. Lo más importante de todo esto es destacar a la fantasía como afrodisíaco y el único antídoto efectivo para contrarrestar la realidad.

Otro punto que vale la pena aclarar es que es muy común confundir a la fantasía con el deseo sexual, ya que ambos conceptos se circunscriben meramente al marco mental sobre el mismo contexto, la sexualidad, sin embargo, mientras la primera se refiere a la evocación de una “situación ficticia”, el deseo es el anticipo de una “situación real”. Aunque también puede darse el caso de que el deseo tenga su origen en una fantasía, es importante dejar claro que no son lo mismo; ya que esto último puede ser indicio de la presencia de alguna “parafilia”.

en conclusión, las fantasías sexuales pueden convertirse en un problema cuando pasan al plano de la obsesión. Es lo que podríamos denominar una parafilia. El sexólogo advierte de que “en esos casos la persona solo encuentra placer sexual y solamente puede llegar al orgasmo cuando únicamente piensa o pone en práctica esta fantasía. En la misma línea, pueden afectar a las relaciones sexuales y de pareja, si no coinciden en el gusto y aceptación por parte de la pareja”.

Es probable que un exceso de fantasías sexuales pueda deberse a un conflicto o carencia sexual, pero no es un factor determinante. “Puede ocurrir que nuestras fantasías sexuales sean debidas a una contradicción. Es decir, a un conflicto entre lo que solemos desear en nuestra vida diaria y aquello que nuestra mente genera. Podría tratarse también de deseos reprimidos que pueden ser vividos con malestar, vergüenza, miedo y culpabilidad. Además de ello, es cierto que en algunos casos pueden ser consecuencia de alguna carencia sexual, más comunes en personas sin pareja o que no tienen una vida sexual estable, satisfactoria y plena.

Dentro de este plano existen 4 tipos de fantasías que el ser humano puede llegar a experimentar:

Fantasías Anticipatorias:

Son el afrodisiaco mental más común y el que se utiliza con mayor frecuencia, ya que prácticamente todas las parejas la tienen durante toda su vida sexual, aunque va disminuyendo con los años.

En esta variante la persona imagina determinados rituales que no puede consumar por ausencia de la pareja y ese tiempo de espera actúa como excitante que se predispone a la acción sexual.

La temática de sus contenidos suele ser una anticipación de los rituales sexuales de la pareja y normalmente se focalizan en las prácticas más satisfactorias y menos frecuente.

Fantasías exploratorias:

Son propias de las postrimerías de la fase pasional y obedecen a un instinto intuitivo de incentivar el deseo sexual incorporado novedades que no sabemos hasta qué punto serán aceptadas por la pareja porque significan un progresión o trasgresión con respecto a las prácticas habituales.

Estas fantasías se desarrollan en tres fases. La primera es la propia de los contenidos. La segunda es la ponderación de la convivencia de comunicación. Y la tercera es la verbalización de los rituales imaginados, que suelen estar relacionados con prácticas transgresoras o parafílicas.

En este tipo de fantasías es la incertidumbre que genera la posible aceptación de la propuesta unida a la innovación que implica la práctica imaginada, lo que produce excitación.

Fantasías sustitutorias:

Entran en la fase de sexualidad homeostática y consisten en la incorporación mental de un sujeto sexual sustitutorio mientras se mantiene las relaciones sexuales con la propia pareja. Se trata por así decirlo de una infidelidad real y otras tiene la virtualidad de evitarlas.

Esta fantasía suele ocurrir con periodos de enamoramiento alternativos de los miembros de la pareja y resultan útiles para clarificar los sentimientos.

Fantasías parafílicas:

Estas fantasías son las más comunes en las parejas evolucionadas y transgresora y no hay que asustarse por ello la mayoría permanecen como tales y pasan a convertirse es sustitutoria. De hecho, solo una pequeña parte adquieren la condición de anticipatoria incorporándose, después, a la práctica sexual; ya que lo habitual es que queden como proyectos no realizados cuyo poder erotizante radica en su reconversión en fantasía sustitutoria, bien porque la propia persona decide que no deben llevarse a la acción o bien porque la propuesta no es aceptada por la pareja.

En esta fantasía el peligro no está tenerlas sino en decidir cuáles se deben consumar para que su ejercicio no genere incongruencia personal ni provoque aversión o saturación como consecuencia de la intensidad de la vivencia o de los efectos secundarios de alguna de sus prácticas, como por ejemplo el sadomasoquismo.

 

WhatsApp chat