El perdón es única realidad para sanar nuestras heridas.

Cuando permitimos que nos hagan daño la reacción inmediata y lógica es ir contra esa persona; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. A corto plazo, tratas de impedir que el daño continué; pero si la acción sigue por mucho tiempo, te puedes ver reflejado en la siguiente parábola:

Cuando alguien te hace daño es como si una serpiente te mordiera. Existen las que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, puede ser largo y difícil curar una mordedura, pero como toda mordedura al final se cierra, mas no sana. El problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y que, aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre, provocando ciertos daños como la venganza, el ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. Estas consecuencias pueden estar actuando durante muchos años y, por eso la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, paz, energía y sobre todo tranquilidad para ver algo diferente.

Para ser más específicos, cada vez que piensas en venganza o en la injusticia que te han hecho, las heridas se abren y duele, ya que recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sentimiento te lleva a sentirlo nuevamente.

Sacar todo el veneno de ti implica dejar de querer vengarse, dejar conductas destructivas hacia esa persona, recuerda que solamente pensando en venganza, todo ese veneno o resentimiento agranda. Por eso, si quieres que tus heridas se curen, debes dejas los pensamientos vengativos hacia quien generó ese daño, solo no debes permitir que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con sanar, evitar y aprender a defenderte de ella o de asegurarte de que lo ocurrido ha sido una acción excepcional que no se repetirá.

Cabe acotar, que el proceso del perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia, ni dejar de defender tus derechos, solamente se trata de no buscar en ello un desahogo emocional implicando que la búsqueda de esa justicia se convierta en el centro de tus acciones o decisiones, que dificulten tus avances en otros intereses, objetivos y valores.

Consideremos ahora, que hay que construir el perdón de manera que esas heridas ya no duelan y te permitan avanzar en la solución de cualquier situación que se presente en tu entorno. Debes tener presente que algunas situaciones serán fáciles perdonar, pero otras no. La construcción del perdón es un camino con diferentes etapas y el recorrido depende que tan recóndita sea tu herida y cuánto tiempo llevas pernoctando esos rencores y dolores.

Dicho lo anterior, el perdón es una práctica diaria donde vas cambiando poco a poco reacciones, juicios y emociones negativas con respecto a una situación, las cuales reemplazarás por actitudes basadas en el amor que al final te conectarán con tu esencia.

Por otra parte, el proceso de perdón comienza con la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el reconocimiento al daño que se ha percibido. También han de analizarse las circunstancias que han influido para permitir ese daño.

Otra fase es elegir la opción a perdonar, la cual está basada en los valores de la persona. Cuando en algún momento esos valores se centran en la venganza y se les dedica tiempo y recursos, pueden verse afectadas otras áreas de vida. Es en aquellos valores personales donde debes encontrar los motivos para elegir perdonar.

Con respecto a la tercera fase consiste en aceptación del sufrimiento y de la rabia, si has elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos.

Otra etapa es la de establecer estrategias para autoprotegerse, ya que el perdón nos implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el ataque. En el análisis de lo ocurrido hay que incluir también la consideración de cómo los comportamientos de la víctima que han podido permitir o favorecer la ofensa, Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuáles eran los indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.

La última etapa de este proceso se trata de la expresión explícita del perdón la cual es de suma importancia, ya que algunos pudieran pensar que es solamente un acto simbólico y vacío de contenido. Se pueden articular muchos ritos o manera de hacerlo. Esta acción explicita no es el final del proceso del perdón, sino la oficialización del inicio.

En definitiva, la única clave para fortalecer tu vida es liberándote del rencor, temor y desilusión que se alojaron en tu corazón como resultado de las cosas que permitiste que te hicieran, sanar tus heridas será un viaje lleno de paz hacia tu alma, es obtener paz interior, es no sentir rencor por nadie que le hayas permitido dañarte, es la reconciliación con tu amor propio. El perdón es un camino a la esperanza, la sencillez para todas esa personas que buscan una vida llena de armonía, amor y sobre todo relaciones humanas satisfactoria.

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